¿Qué es el acoso escolar?
“El acoso es una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios.” (Definición de Olweus)
Por tanto, el bullying se caracteriza por:
- Intención de hacer daño (físico, verbal o psicológico).
- Reiteración de las conductas, el acoso se caracteriza por una continuidad en el tiempo.
- Desequilibrio de poder, por lo que la víctima es incapaz de escapar por sí sola de esta situación.
Junto con estas características, otra diferenciación del bullying respecto a otras formas de maltrato es su carácter grupal. Este tipo de acoso no puede disociarse de una consideración de grupo, aunque lo ejerza un solo agresor, porque en el grupo se asientan las razones de que surja y se mantenga. En estas situaciones intervienen varias personas:
Suelen actuar de forma premeditada más que de forma impulsiva, y varios estudios demuestran que los agresores conocen las emociones que siente la víctima, aunque no se compadecen ni se conmueven por su sufrimiento.
Con frecuencia, el agresor o agresores cuentan con la aceptación de sus compañeros o incluso de los profesores, lo que los sitúa en una situación ventajosa respecto a la víctima.
Las características de las víctimas, como las de los agresores, varían de unos casos a otros. Por lo general, los factores comunes son el aislamiento, la indefensión o ser percibido como diferente.
El acoso escolar reproduce problemas ancestrales, que tienen su principal origen en el conjunto de la sociedad. Cuando se pregunta a los acosadores cómo describirían a sus víctimas, coinciden en destacar su aislamiento, características físicas, presentar alguna discapacidad, diferencias raciales o culturales, orientación sexual, etc.
Es el grupo quien convierte la diferencia en un motivo de maltrato. Cualquiera que muestre vulnerabilidad y que no se vea apoyado por un grupo puede ser víctima de este acoso.
Pueden adoptar dos roles diferentes: activo (animando y apoyando a los agresores) o pasivo (conocen la situación pero no hacen nada para evitarla). Como puede verse, ambas posturas permiten que el abuso continúe.
La respuesta para cambiar la dinámica y modificar la situación ha de ser el rechazo hacia los agresores y la protección y apoyo a las víctimas. Tanto alumnos como profesores, familias y demás miembros de la comunidad educativa deben reconocerse como testigos y sentirse responsables de lo que sucede en las aulas.
Formas de bullying
El bullying puede adoptar diferentes formas. Los estereotipos pueden empujarnos a pensar especialmente en interacciones agresivas, pero existen otras formas de maltrato menos explícitas que conllevan consecuencias igual o más dañinas.
Por lo general, el bullying no se ejerce sólo con una forma de maltrato sino que suelen combinarse varios tipos. Los Informes del Defensor del Pueblo y UNICEF sugieren la siguiente clasificación.
Exclusión social
La exclusión social se refiere a aislar a la víctima de su grupo de compañeros de manera activa o pasiva, impidiéndole participar en actividades sociales o ignorándola por completo. Este tipo de acoso tiene dos variantes:
- Exclusión activa: Implica acciones directas como no dejar que la víctima participe en juegos, actividades o grupos de trabajo, y puede incluir prohibir a otros compañeros que interactúen con ella. La intención es hacer sentir a la víctima que no pertenece al grupo, generando un sentimiento de rechazo y soledad.
- Exclusión pasiva: En esta forma, la víctima es ignorada o tratada como si no existiera, sin que haya una prohibición explícita. Los acosadores simplemente evitan incluirla en conversaciones o actividades, lo que provoca en la víctima una sensación de invisibilidad y de falta de valor.
La exclusión social puede ser muy dañina para el desarrollo emocional de la víctima, ya que genera sentimientos de aislamiento y puede afectar su autoestima.
Agresión verbal
La agresión verbal es una forma de bullying en la que el acosador utiliza el lenguaje para herir a la víctima. Puede incluir insultos, burlas y apodos ofensivos, así como la difusión de rumores que dañen la imagen de la víctima.
- Agresión verbal directa: Incluye insultos, gritos, apodos humillantes y burlas que se hacen cara a cara con la víctima. Este tipo de agresión es fácil de identificar, pero también puede ser minimizado como «bromas» por parte de los agresores.
- Agresión verbal indirecta: Involucra hablar mal de la víctima a sus espaldas o difundir rumores dañinos sobre ella. Esta forma de agresión es más difícil de detectar porque se realiza fuera del alcance de la víctima, y muchas veces, quienes la escuchan no intervienen.
Ambas formas de agresión verbal pueden tener un efecto devastador en la salud mental de la víctima, afectando su autoestima y generando sentimientos de ansiedad o depresión.
Agresión física
La agresión física es el tipo de bullying en el que el acosador recurre a la violencia para causar daño físico a la víctima. Este tipo de acoso incluye golpes, empujones y cualquier otra forma de contacto físico agresivo.
Existen dos variantes:
- Agresión física directa: Implica acciones como empujar, golpear, patear o cualquier otra forma de violencia física. Es el tipo de bullying que generalmente pensamos cuando se habla de acoso, ya que es el más visible y evidente.
- Agresión física indirecta: En este caso, el agresor causa daño a la víctima de manera indirecta, por ejemplo, rompiendo sus pertenencias, escondiendo sus materiales escolares o robándole objetos personales. Aunque no hay contacto directo, esta agresión genera un impacto emocional fuerte, ya que la víctima siente que está siendo atacada de manera constante.
La agresión física deja marcas tanto físicas como psicológicas, y suele ser el tipo de bullying que requiere intervención inmediata por parte de los adultos.
Amenazas
Las amenazas son una forma de acoso en la que el agresor usa el miedo para controlar y someter a la víctima. El objetivo es intimidar a la víctima para que haga cosas que no quiere hacer o para que no hable de lo que le está ocurriendo.
- Amenazas directas: El agresor le dice a la víctima que le hará daño físico o emocional si no cumple sus órdenes o si cuenta lo que está sucediendo. Puede incluir amenazas de violencia, de dañar sus pertenencias o incluso de difundir información privada.
- Amenazas indirectas: Pueden ser gestos o insinuaciones que infunden miedo en la víctima sin que se exprese una amenaza directa. Esto incluye miradas, comentarios ambiguos o incluso rumores que dejan claro que la víctima estará en problemas si no obedece al agresor.
El uso de amenazas es una técnica de control que puede generar un estado de ansiedad y miedo constante en la víctima, afectando su capacidad para sentirse segura en el entorno escolar.
Acoso sexual
El acoso sexual es una forma de bullying especialmente grave, que implica comentarios o conductas de naturaleza sexual no deseadas. Este tipo de acoso puede ser especialmente dañino y puede tener consecuencias duraderas para la víctima.
- Acoso sexual físico: Involucra tocamientos no deseados o invasión del espacio personal de la víctima. También incluye situaciones en las que el agresor fuerza a la víctima a realizar o participar en actos sexuales no consensuados.
- Acoso sexual verbal: Puede incluir comentarios sexuales no deseados, insinuaciones, «bromas» de mal gusto o el uso de palabras que sexualizan a la víctima. Esta forma de acoso es más común y puede ser sutil, lo que a menudo hace que pase desapercibida.
El acoso sexual genera un gran impacto psicológico en la víctima, afectando su autoestima y creando una sensación de vulnerabilidad y humillación.
Ciberbullying
El ciberbullying es una forma moderna de acoso que ocurre a través de plataformas digitales como redes sociales, aplicaciones de mensajería o foros en línea. A menudo se manifiesta de diferentes maneras y puede llegar a ser más persistente y difícil de evitar que otros tipos de bullying.
- Acoso verbal digital: Incluye mensajes ofensivos, insultos y amenazas a través de redes sociales, mensajes de texto o correos electrónicos. Esta forma de ciberbullying puede continuar incluso fuera del horario escolar, lo que aumenta la presión psicológica sobre la víctima.
- Difusión de rumores o contenido ofensivo: Los acosadores pueden difundir rumores dañinos o publicar contenido ofensivo (como fotos o videos) que afecten la reputación de la víctima. En algunos casos, incluso se crea contenido alterado o humillante, como memes, para avergonzar a la persona afectada.
- Suplantación de identidad: En el ciberbullying, los acosadores a veces crean perfiles falsos para hacerse pasar por la víctima, enviando mensajes ofensivos o interactuando de manera inapropiada en su nombre, lo que puede dañar seriamente su reputación.
El ciberbullying tiene efectos devastadores, ya que la víctima siente que no tiene un refugio seguro. Al ocurrir en el entorno digital, el acoso puede continuar incluso en su hogar, lo que genera un estado de ansiedad y estrés constante.
¿Cómo identificar una situación de acoso?
La detección de situaciones de acoso puede ser complicada porque en muchas ocasiones las agresiones se realizan de forma soterrada, sin la presencia de adultos que puedan detectarlo e intervenir, situando a la víctima en una posición de inferioridad y desamparo.
El grupo a menudo calla y protege con su inacción a los acosadores por temor a convertirse en otra víctima.
Es importante actuar ante el primer indicio de acoso para poder neutralizarlo causando el mínimo daño a las víctimas y evitar la escalada de intensidad de las agresiones.
Algunos indicadores de que un alumno puede estar viviendo una situación de acoso son:
- Aumento repentino de faltas de asistencia.
- Negativa a acudir al centro.
- Disminución drástica del rendimiento académico.
- Ausencia de amigos.
- Problemas de atención y concentración en clase.
- Cambios en su carácter: mutismo, irritabilidad, conductas autodestructivas, introversión, ansiedad…
- Somatizaciones: malestar al levantarse, molestias o alteraciones gastrointestinales, asfixia u opresión en el pecho, dolores de cabeza…
- Alteraciones del apetito y/o del sueño.
- Aislamiento.
- Abandono de aficiones.
- Cambio de hábitos con respecto a las TIC.
- Evidencias físicas de maltrato: moratones, roturas en la ropa, pérdida no justificada de objetos…
- Desaparición o rotura de materiales o pertenencias.
Mitos sobre el bullying
Los estereotipos y concepciones erróneas sobre el acoso escolar pueden dificultar su detección y postergar la puesta en marcha de acciones para frenarlo. Por ello es necesario informar y sensibilizar a la población sobre este problema.
El maltrato puede darse en cualquier colegio o instituto. Negar la posibilidad implica no disponer de actuaciones, protocolos y programas contra el maltrato; dejando desprotegidos a aquellos que puedan sufrirlo.
Lo que puede comenzar siendo una broma puede convertirse en una situación continuada y escalar a episodios graves de acoso.
No hay perfiles concretos de agresores y víctimas, cualquier alumno puede llegar a convertirse en una víctima de acoso escolar. A menudo los agresores no se ajustan al perfil de alumno agresivo e impulsivo, y son populares y aceptados entre sus compañeros y profesores. Esto puede hacer que se minimicen sus agresiones.
Como ya se ha comentado, no existe un perfil específico de víctimas, pero además las víctimas pueden responder de diferentes formas ante el maltrato. Pueden reaccionar de forma violenta (aunque habitualmente cuando se defienden quedan en inferioridad de condiciones), con llamadas de atención, o incluso con cambios de rol, imitando la conducta de los acosadores en otras circunstancias. Estas posibilidades pueden confundir a los adultos que son testigos de las reacciones, llegando incluso a sancionar cuando la víctima responde de manera agresiva.
Es uno de los mitos más dañinos y peligrosos, porque deja entrever que el acoso puede ser bueno. Tal y como reflejan las experiencias y los estudios sobre las consecuencias de las víctimas, el bullying tiene efectos devastadores e incluso puede poner en riesgo la vida de los acosados.
En los últimos años, este problema ha recibido visibilidad y se han realizado numerosas investigaciones y acciones formativas; sin embargo, todos los estudios sobre el acoso escolar señalan que no es nada nuevo y ha existido siempre.
El acoso escolar es una realidad compleja y dolorosa que deja huellas profundas en quienes lo sufren. Reconocer sus señales y actuar a tiempo es fundamental para proteger a las víctimas y fomentar un ambiente seguro y respetuoso.
Si tú, o alguien que conoces, está lidiando con el impacto del bullying, no estás solo/a.
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